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La perseverancia y excelencia de Nadal

Nuevamente, sin sorpresa, el español ganó un nuevo Grand Slam, el cuarto en Nueva York, el 19 en general a dos de Roger Federer como los máximos ganadores. Una locura total lo que han hecho Federer, Nadal y ahora Djokovic. Lo que ellos han hecho sin duda alguna pasará pasará por siempre a la historia y será muy difícil que alguien pueda superarlos, esperemos que sí, pero se ve muy lejos en el futuro.

Volviendo a Nadal, ya no parece nuevo lo que hace el de Manacor. Cada año logra superarse más y más, sorprendiéndonos con grandes actuaciones en superficies donde antes no era su fuerte, cómo es el caso del Us open o Wimbledon y en menor escala en Australia.

Lo increíble y destacable es la perseverancia del español a la hora de competir y poco a poco superarse para lograr mejores resultados y la excelencia del deporte. Rafa, ese que era desprestigiado por su falta de técnica a comparación con Roger, año a año ha tenido la capacidad para superarse y elevar su juego en las distintas superficies a un nivel superlativo.

Rafa ahora tiene 19 GS, con la temporada de canchas techadas sin puntos por defender y con muy buenas sensaciones en canchas duras. Esa perseverancia y excelencia de Nadal es lo que lo ha llevado a superarse y darnos excelentes actuaciones cómo ayer y quién quita que pueda alcanzar y superar a Federer como máximo ganador de Mayors en la historia.

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Wozniacki: el mérito de la número uno sin Grand Slams

En este deporte tan hermoso, se ha categorizado que él o la numero uno del mundo debe ser un ganador(a) por ley y que al menos debió de ganar un torneo Grand Slam que lo(a) catapulte como número uno del mundo. Nuevamente, creo que pecamos un poco de elitistas y de cegados con el éxito.

Wozniacki, un buen tiempo atrás, logró una hazaña que a mi entender en una proeza apta solo para jugadoras de su altísimo nivel: ser número uno del mundo sin haber ganado un solo Grand Slam. Sonará a locura, puede ser, pero Caroline se fajó y demostró cómo se puede llegar a estar en el tope sin ganarlo y eso tiene un mérito enorme que la comunidad del tenis, en general, no le han sabido reconocer sino más bien lo contrario, se lo restregaron tanto que siempre que jugaba una final de alguno Mayor la terminaba perdiendo por la presión de la opinión publica, otra razón para el bajón de su carrera, hasta que consiguió su ansiada victoria en Australia 2018.

Una vez dicho eso, soy plenamente consciente que debió haber ganado un Grand Slam antes, que algunas veces la presión la utilizó como excusa, pero aún así me parece increíble renegar la gran proeza lograda por la ex número uno del mundo. Les pregunto: ¿qué pasaría si Nadal, Federer, Djokovic o algunas de las promesas del tenis masculino hubiese hecho lo mismo de Wozniacki? Para mi, estaríamos todos hablando de la proeza, de la hazaña de ese jugador, pidiéndole que gane un mayor, obviamente, pero alabándole por lo que consiguió.

Wozniacki bajó su nivel, no hay duda de ello, pero otra cosa que queda clara es que lo que ella hizo es difícil de repetir, mantenerse allá arriba con la constante presión y aún así salir adelante es digno de campeonas como ella que simplemente lo único que quiere es mejorar, ganar y disfrutar de este hermoso deporte.

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La resurrección de Djokovic

Una vez más, sin sorpresa alguna, Novak Djokovic supo renacer ante un rival que lo supo poner contra las cuerdas múltiples veces durante todo el partido. El argentino Londero realizó un match casi perfecto pero no supo capitalizar los momentos en los que el serbio flaqueó y se resintió de su hombro izquierdo.

Previamente, comenté de lo insuperable que se puede volver Djokovic solo por la presencia de su apellido en el draw de algún torneo. Esta victoria potencia al serbio de una manera peligrosa. Si con molestias supo cómo surcar dentro de los peores momentos del partido y sacarlos adelante, sin ellas será ese jugador al que todos estamos acostumbrados a ver.

6-4; 7-6 y 6-1 fue el resultado de un partido que deja buenos sabores de boca para ambos, para Djokovic lo antes mencionado y para Londero que cuando quiera podrá ganarle a los grandes ya que físico y tenis le sobran. Ayer ganó Rafa, hoy hicieron lo mismo el serbio y Federer, mientras nosotros continuamos felices porque los tres grandes continúan en pie llenándonos los ojos de exhibiciones tenísticas.

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Bienvenida

Queridos lectores, gracias por seguirme en esta nueva aventura donde trataré no solo de informarlos, sino de entretenerlos, al mejor estilo de Roger, Rafa y Nole, con todo lo que publicaremos en este blog, Ante todo asumo el compromiso de siempre brindarles una información clara y oportuna, partiendo desde el respeto de las distintas opiniones, como base fundamental para entendernos mejor. Pónganse cómodos, lean y disfruten.

Daniel Arismendi Rubio

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Djokovic: la supremacía de un apellido

A través de los años, «Nole» ha sabido cómo cautivarnos con su espectacular despliegue de devoluciones y grandes batallas, con las que ha logrado que antes de jugar cualquier torneo ya sea superior a todos.

Parece mentira pero es todo un hecho. Djokovic, por increíble que aún le parezca a algunos, es más favorito que los mismísimos Nadal y Federer. Me tildaran de loco, puede ser, pero lo que digo es algo que no se encuentra fuera de la realidad. Con el pasar de los años y los torneos, hemos visto cómo este superdotado se hace cada vez más favorito y se le ve hasta casi invencible.

Djokovic, cómo los otros dos extraterrestres, parecieran venir de otra galaxia porque su nivel es completamente pletórico, alejado del resto de muy buenos competidores del circuito. Sin embargo el serbio logra convertirse en un invencible inclusive para Nadal y Federer, para muestra de ello la cantidad de veces que estos han sucumbido contra el número uno del mundo.

Este análisis, muy personal, me ha llevado a pensar que el simple hecho de decir «Djokovic» en cualquier torneo ATP o en la Copa Davis genera en el rival que entre a la cancha derrotado, el apellido del serbio ha conseguido una supremacía sobre el resto que lo eleva a la altura de pocos.

Cuando dices Nadal o Federer sabes que ambos son fuertes en una o ambas superficies y que las demás le cuestan un poco más, históricamente césped y arcilla. Pero con el mencionado en cuestión pasa completamente distinto, en cualquier tipo de superficie Novak Djokovic es favorito claro a hacerse con el torneo, se puede decir que se pasea inclusive en algunos torneos debido a su superioridad.

Ya deparará el futuro si Djokovic podrá consagrarse, aún más, en el olimpo del tenis y cómo será su actuación en este US OPEN que sin duda alguna será trepidante de inicio hasta el final. Lo que debemos tener por seguro es lo siguiente: Djokovic, Nadal y Federer serán siempre favoritos, pero «Nole» parte con una ventaja sobre ellos y es la confianza de que puede superar a cualquier rival si así se lo propone.

La paradoja del más grande de la historia

La victoria de Nadal contra Medvedev dejó muchas secuelas sobre el poderío mental y físico de Rafa, la garra de Medvedev y su consolidación como uno de los mejores del circuito y también la que hoy nos vamos a referir: esa paradoja llamada el más grande de la historia, que actualmente domina Federer pero Rafa le respira en la nuca.

Es completamente cierto que Federer durante toda su carrera hizo méritos y logró, primero que nadie, ganar 20 títulos de Grand Slams y el sin fin de récords que posee. Ahora bien, planteemos una hipótesis bastante factible: ¿si Nadal le supera es acaso mejor que Roger? A mi parecer creo que este hecho de enaltecer a uno por encima del otro es más una cuestión de marketing y superioridad que obvia lo importante: estamos disfrutando de tres, sí incluyendo a Djokovic, monstruos que día a día se reinventan y demuestran que están más vigentes que nunca en este deporte.

Esa paradoja del más grande de la historia es la más subjetiva del mundo. Algunos se preguntarán por qué, puede que mi opinión esté errada, pero les llamo a reflexión y les planteo lo siguiente: es que acaso al final todos los grandes jugadores de tenis no pasan al Olimpo y pasan a ser recordados, unos más que otros, cómo los mejores jugadores en la historia.

Inclusive, hablando de algo superlativo, todo el mundo reconoce los méritos, bajo otras normas y circunstancias, de los míticos logros del gran Rod Laver y aún así, no se le da, creo yo, esa etiqueta del mejor de todos los tiempos por cómo se competía anteriormente.

Retomando la actualidad, creo que lo mejor que podemos hacer es disfrutar de este “big three” y todos los hermosos momentos que nos han regalado en vez de caer en la constante diatriba si alguno de estos o aquellos fueron mejor, porque cómo mencioné, todo quedará de acuerdo al gusto y la perspectiva de cada quien. Pero sin duda alguna que esto plantea no solo una paradoja sino una interrogante divina: si Nadal supera a Roger, quién es el mejor de la historia? Solo el futuro, hermoso e incierto, nos dirá la respuesta a dicha pregunta.

Schwartzman: corazón de león

El «peque» , cómo le conocen en el circuito, poco a poco se ha forjado su camino a base de garra y entrega, cuestión que lo hace un jugador muy peligroso y a tener en cuenta

Podrán decir que el tamaño no le ayuda o que le cuesta poder desarrollar su juego, pero Schwartzman tiene una cabeza y un corazón digno de admirar por muchos en el circuito. Es ágil, audaz y muy inteligente para interpretar el juego. Diego, ha sabido cómo poco a poco hacerse respetar en el circuito.

Hoy en su debút en el US open consiguió una victoria contra Robin Haase por 6-3; 7-6 y 6-0. El título de este artículo se ejemplifica perfectamente en el segundo set del argentino, lo iba ganando 5-3, el holandés le dio vuelta al resultado y aún así «peque» supo como mantener la templanza y sacar adelante el set.

Es esa garra y mentalidad fuerte lo que convierte al argentino en un rival muy peligroso y que cualquiera quisiera evitar: viene con la moral alta, mucho orden en su juego y gran despliegue de variantes. Espero que este sea el inicio de un gran camino para Schwartzman en este Grand Slam porque se lo merece, sería un gran logro después de todo el tiempo de esfuerzo y trabajo.

El «peque», si el destino así lo quiere, será uno de los grandes presentes en un futuro muy cercano, todo dependerá que mantenga su mentalidad y su corazón de león, bastión insigne de personalidad dentro y fuera de la cancha.

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